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"La ciencia es una inversión a largo plazo", aseguró Eugenio Santos

      

Director del Centro de Investigación del Cáncer, en Salamanca, Eugenio Santos es uno de los investigadores españoles galardonados con el Premio Eugenio Rodríguez Pascual por su labor docente científico-investigadora, también académica de gran constancia y relevancia, tanto a nivel nacional como internacional. Su descubrimiento del primer oncogén humano fue clave para conocerel origen del cáncer.

 

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Eugenio Santos es uno de los "cerebros" que volvió de Estados Unidos para dirigir el Centro de Investigación del Cáncer en Salamanca, hoy un Centro Europeo de Excelencia.

 

Con tan solo 29 años, en 1982, revolucionó la investigación del cáncer al conseguir aislar e identificar, por primera vez en la historia, un oncogén humano, el H-Ras, presente en cerca del 30% de los tumores. ¿Cómo recuerda ese momento?

Personalmente lo recuerdo como una época preciosa, de gran ilusión y también de gran competición científica y de mucho trabajo en el laboratorio. Científicamente, como de una gran satisfacción al constatar que en aquellos momentos era un privilegiado por estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado (principios de los 80, National Cancer Institute de los USA) llevando a cabo un trabajo científico pionero que suponía un cambio copernicano en el entendimiento de los mecanismos íntimos del cáncer.

 

Habiendo pasado varios años desde su gran hallazgo, ¿podría afirmar que está resultando útil para los enfermos de cáncer?

Es enormemente satisfactorio constatar que aquellos descubrimientos iniciales, muy de laboratorio, muy académicos y con nula aplicación clínica en aquel entonces, no solo han contribuido a entender los mecanismos del cáncer a nivel molecular sino que también han significado mejoras a nivel de diagnóstico y de tratamiento de la enfermedad cancerosa que han contribuido esencialmente a pasar de un 35% de curación en aquella época a más del 65% en nuestros días.

 

Me siento muy afortunado de haber contribuido aquellas aportaciones iniciales que han permitido después este proceso, que los anglosajones denominan “from lab to bedside”, de traslación de los resultados obtenidos en el laboratorio a la práctica clínica generando mejoras claramente medibles en diagnóstico, pronóstico o tratamiento de esta enfermedad.

 

Echando la vista atrás, ¿cree que hubiera conseguido los mismos resultados en su investigación si no se hubiera ido a EEUU?

En absoluto, aquellos resultados solo fueron posibles gracias a la confluencia de avances de tipo conceptual, biotecnológico y científico que se producían en los USA en esos años (finales de los 70, comienzos de los 80), cuando decidí ir a aquel país para realizar mi formación postdoctoral.

 

Mi primera etapa postdoctoral en el Roche Institute of Molecular Biology en New Jersey me proporcionó el entrenamiento en las nuevas técnicas de biología molecular e ingeniería genética que luego me fueron esenciales para el trabajo de clonación y aislamiento del primer oncogén (T24, H-ras) en el National Cancer Institute (NCI) en Bethesda, Maryland.

 

Por otra parte, la intensa competición existente en los USA entre los grupos dedicados a aquel trabajo fue también muy decisiva para que aquellos avances se produjeran rápidamente en aquellos años. En la carrera por el primer oncogén humano competíamos a principios de los 80 fundamentalmente tres grupos: nosotros en el NCI, un grupo en MIT y otro grupo en Cold Spring Harbor. Había una competencia brutal entre los tres laboratorios, trabajábamos 30 horas al día, sabíamos que todos los grupos estábamos en lo mismo...La competencia no solo sirvió como acicate para trabajar más y más rápido, sino también para que los resultados de los demás laboratorios sirvieran para confirmar los propios, y viceversa.

 

En 1999 decide regresar a España, ¿qué le hace tomar esa decisión?

Me convenció el desafío de intentar conjuntar investigación básica y clínica del cáncer en mi propio país. En el NCI en Bethesda yo hacía exclusivamente investigación básica sobre el cáncer y pensé que en Salamanca existía una oportunidad realista de poner en marcha un centro de investigación en que se combinara la investigación básica, clínica y traslacional del cáncer siguiendo el modelo de los Comprehensive Cancer Centers norteamericanos.

 

Sucede que durante mis más de 20 años en el NCI en Bethesda yo recibía en mi laboratorio muchos postdoctorales españoles, algunos procedentes de Salamanca, y mantenía relación con investigadores de esta ciudad con los que fui gestando la idea de formar un instituto de investigación del cáncer que tenía que tener componentes básicos y clínicos.

 

Curiosamente, mientras que en otras ciudades de España había en aquella época centros con orientación exclusivamente clínica o a exclusivamente básica en investigación del cáncer, en Salamanca coexistían un núcleo importante de investigadores básicos y otro núcleo de investigadores clínicos que, si bien estaban desconectados entre sí por estar dispersos entre varios departamentos de la Universidad, resultaban muy significativos en calidad y número en comparación con otras universidades del país. Aquellos dos núcleos iniciales constituyeron el embrión al cual me uní y alrededor del cual ha crecido después el CIC para llegar a su realidad actual atrayendo, a lo largo de los años posteriores, a otros investigadores procedentes de distintos puntos del país o de centros extranjeros.

 

Centrándonos en la investigación española, en su opinión ¿qué destacaría de la investigación en España y cómo cree que se verá o se está viendo afectada por la situación actual?

En comparación con otras áreas biomédicas, la investigación del cáncer ha tenido bastante peso y ha sido muy potente en nuestro país durante los últimos 25-30 años. Quizá el primer empujón en esa dirección se lo debamos a la figura y al mensaje del Dr. Severo Ochoa, que tuvo gran impacto a nivel colectivo e individual en la investigación de nuestro país. Personalmente puedo decir que fue mi ídolo durante mis años formativos.

 

También creo que hemos contribuido al desarrollo actual de la Oncología en España los miembros de aquella generación de jóvenes españoles, a quienes Severo Ochoa denominaba los “East Coast Boys”, que estábamos trabajando sobre cáncer en distintos laboratorios de los USA en los años 70 y 80 del pasado siglo. Para mí es un orgullo pertenecer a esa generación junto con nombres como los de Angel Pellicer, Manolo Perucho, Mariano Barbacid, Joan Massagué, Vicente Notario, etc).

 

Una vez establecidos ya como investigadores independientes en USA, los East Coast boys –ya más maduros- atrajimos a nuestros propios laboratorios americanos a muchos otros investigadores postdoctorales españoles que, tras volver a España, han contribuido a crear la muy importante masa crítica de investigadores del cáncer que hoy tenemos en España en el siglo XXI.

 

Actualmente, por la crisis y recortes económicos en España, asistimos a un parón tremendo en todas las áreas de investigación, no solo del cáncer, en nuestro país. Centrándonos en la investigación del cáncer, existe el peligro real de retroceder y volver al punto de partida en que nos encontrábamos hace más de un cuarto de siglo.

 

¿Cómo está la investigación contra el cáncer en España? ¿Diría que se ha avanzado todo lo que se esperaba?

Como dije antes, en la última parte del pasado siglo y en los primeros años del presente la investigación del cáncer en España avanzó de manera muy significativa, creándose una importante masa crítica de investigadores del cáncer que antes no existía. Esto fue el resultado de añadir, durante esos años, un gran número de nuevos centros y grupos de investigación del cáncer, muy sólidos y productivos, al reducido número de grupos investigadores de calidad que antes preexistían.

 

Pruebas concretas de la buena salud de la investigación del cáncer en nuestro país durante esa época ha sido, por ejemplo, el florecimiento de la Red Temática de investigación Cooperativa del Cáncer (RTICC) que coordina la actividad de grupos de calidad contrastada distribuidos por todo el país. También la incorporación de investigadores extranjeros de renombre a diversos centros de nuestro país (cosa totalmente inédita antes) o la demanda de investigadores españoles para incorporarse o dirigir centros extranjeros de investigación del cáncer.

 

Desgraciadamente, en años recientes estamos experimentando en España una bajada brutal en la disponibilidad de fondos competitivos para investigación del cáncer que amenaza con cargarse la masa crítica que tanto trabajo costó lograr en las décadas anteriores. La ciencia es una inversión a largo plazo, exige una continuidad en su financiación y si ahora se corta se puede crear un agujero (se está creando ya) que nos retrotraerá a la situación de hace 20 años, perdiendo los avances beneficiosos que se habían producido desde entonces.

 

Es interesante mencionar que, al contrario que en España, la respuesta de salida a la crisis en países como USA o Alemania ha sido incrementar, no recortar, los fondos dedicados a investigación.

 

Usted dirige el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca. ¿Cuál es el principal objetivo del centro y en qué están embarcados en este momento?

El Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca responde al modelo de los “Comprehensive Cancer Centers” norteamericanos. Este modelo es bastante restrictivo pero creemos que es el más efectivo a la hora de obtener la máxima eficiencia y los mejores resultados prácticos en investigación del cáncer, porque requiere que se lleve a cabo investigación puntera de excelencia a tres niveles: básico, clínico y aplicado (traslacional) de manera simultánea y coordinada.

 

En línea con el modelo, nuestro Centro trata de llevar a cabo una aproximación integral al estudio e investigación del cáncer que abarca desde el análisis de sus causas y mecanismos a nivel molecular hasta la aplicación de esos conocimientos básicos de laboratorio para encontrar nuevas soluciones para atajar la enfermedad a nivel clínico.

 

En nuestro centro hay líneas de investigación “básica”, que se llevan a cabo exclusivamente en el laboratorio sin tener contacto con pacientes (estudios del ciclo celular de organismos modelo como levaduras o ratones, bioquímica y biología molecular de la señalización celular, etc.).

 

También hay líneas de investigación “clínica” cuyos trabajos se realizan principalmente en el medio hospitalario, en contacto muy directo con los pacientes (por ej., estudios de la eficacia o del mecanismo de nuevos fármacos antitumorales). Finalmente, hay también líneas de investigación “aplicada” o “traslacional” que tratan de transmitir al entorno clínico los avances básicos del modo más rápido y efectivo posible, o que, viceversa, conectan las observaciones clínicas con la investigación básica en la poyata del laboratorio.

 

El trabajo en estas líneas “aplicadas” se centra en desarrollar métodos de diagnóstico más temprano, así como obtener mejoras en la prevención, el pronóstico y tratamiento del cáncer, en particular con el desarrollo de nuevas terapias (nuevos fármacos u otros tipos de tratamiento). 

 

Como la lista de proyectos concretos es bastante extensa, me remito a la página web del CIC y resumo diciendo que en el CIC hay actualmente unos 80 proyectos activos (distribuidos en las tres grandes líneas de investigación básica, clínica y aplicada), para los cuales los Investigadores del CIC han obtenido previamente financiación de modo competitivo en agencias nacionales (como por ejemplo, MINECO, FIS, JCyL, etc) o internacionales (como por ejemplo, la Union Europea, el National Cancer Institute de los USA, la Myeloma Foundation o la Leukemia Society of America, etc).

 

En 2005 recibió el Premio Eugenio Rodríguez Pascual por su labor docente científico-investigadora, también académica de gran constancia y relevancia, tanto a nivel nacional como internacional, ¿qué destacaría de la labor de La Fundación Eugenio Rodríguez Pascual?

Me siento profundamente agradecido por la concesión en 2005 del VI Premio de la Fundación para reconocer mi labor científica investigadora, docente y académica a nivel nacional e internacional en el campo de la biología molecular del cáncer. Es para mí un privilegio y un gran honor que la Fundación decidiera en su día poner mi nombre al lado del de los cinco grandes científicos galardonados en las ediciones anteriores de este Premio.

 

En el momento actual me congratulo también de haber entrado a formar parte del Patronato de esta Fundación y así poder colaborar y contribuir al cumplimiento de sus fines fundacionales, centrados en promover la excelencia en la investigación biomédica en cualquier campo, así como la promoción e incorporación de las nuevas generaciones a la tarea investigadora.

 

En el contexto actual de crisis económica y de reducción de fondos públicos dedicados a la investigación en España y en otros países, es oportuno mencionar que las convocatorias anuales de ayudas a proyectos de investigación realizadas por la Fundación Eugenio Rodríguez Pascual suponen un apoyo muy oportuno y significativo para el desarrollo de las carreras científicas de jóvenes investigadores biomédicos de nuestros país y de otros países del área de la lengua española.



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